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lunes, 8 de octubre de 2012

He vuelto a pinchar la bici

Lo odio, lo odio, lo odio, LO ODIO.

Estoy harta, harta, harta, HARTA. Y esta vez no hay alemán para culpar de que mi bici se haya pinchado, esta vez pinché yo solita!!!

Bum Bum Bun Catablum

Y en domingo, y a las 10 de la noche, y a tomar por culo de todo en la autopista. A patita cerca de una hora hasta casa cargando la bicicletita dichosa.

Al menos me encontré una lata de las de cambiar por una corona (0,134€), y 50 øres (0,067€) y hoy una corona más!! Casi 3 céntimos, wow!! La suerte comienza a sonreírme. 

Lo peor de todo es que para ir hoy hasta Copenhague he tenido que gastar el último ticket del s-tog que me quedaba (al menos lo he podido usar para volver también). Pero mañana, si no está reparada para las 3 de la tarde... a ver cómo me voy hasta Herlev de voluntaria! Ya lo que me faltaba, pagar bus para trabajar de voluntaria!!!

A ver si la reparo a tiempo! Hoy no ha sido un gran día...



Banging against a brick







domingo, 30 de septiembre de 2012

Esperar

Los fonemas de la palabra "esperar" son muy bonitos, me gusta como suenan. Te dan la sensación de esperanza, de verde, de naturaleza, de paz, de estrellitas brillando en el cielo y de pajaritos cantando por la ventana; a un día despejado en Dinamarca y al olor de pan recién hecho.

No obstante, "esperar" es el verbo -no sé si llamarlo acción (porque de acción no tiene nada). Yo casi diría que esperar es un logro, porque anda que no hay que sudar y sudar para que el esperamiento se dé por sí mismo- que más odio en la vida, es lo que menos me gusta hacer del mundo.

Y no es por las salas de espera (oh dios mío, quién inventó este lugar de tortura) ni por las colas del supermercado, sino que es por esa llamada de teléfono que nunca recibirás o por esa carta que verás cuando ya no la esperas.

La primera vez que me sucedió esto fue con una entrevista de trabajo: esta tarde te llamaremos para decirte a qué hora empiezas el lunes, mañana por la mañana sin falta te hemos llamado. 3 años después aún sigo esperando esa llamada. Lo recuerdo como si fuera ayer: todo el día pegada al móvil sin vivir por si no lo oía o no sonaba más de dos timbres. Hasta al baño me lo llevaba, hasta dormía con él... durante una semana.

Ahora es una estúpida carta de correo tradicional. Mañana o pasado recibirás la carta de aceptación en el curso que te dirá a qué hora comienzas el lunes, qué días tendrá lugar y toda la información que necesitas saber. No ha llegado, por supuesto. Ya lo sabía yo. Que ni carta ni nada. Hasta he ido a mirar el correo y he metido la mano para mirar las cartas que había por si acaso alguna era.

En fin, esta vez me va a tocar dar la chapa de nuevo en persona en el lugar para que me hagan caso... o matar a alguien. En fin, mañana otro día de ir de arriba pa'bajo.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ir en bici lloviendo

En este país -tal vez por no ser autóctona y no tener miedo al ridículo- cojo la bici aunque llueva sin ningún problema. El primer día fue un poco putada porque no llevaba ni gorro y me mojé. Nada del otro mundo, no llovía mucho. Sin embargo, esta semana ha estado lloviendo y lloviendo sin parar. Así que me puse el chubasquero.

Un chubasquero, por cierto, verde fosforito con letras fluorescentes en la espalda en la que se puede leer desde lejos Asociación De Idiotas Dispuestos A Superarse. Pero como en este país la gente no habla español, no pasa nada. Un chubasquero, por cierto también, que me compré cuando tendría unos 10 o 12 años en la fábrica de dicha compañía en Caspe porque me encantó y no me puse más. Ahora no me podría ser más útil.

Pues bien, ahí iba yo con mi chubasquero tan feliz. Pero al llegar a casa, llegaba como si me hubiera hecho un par de largos en los laguitos tan cucos que hay por la ciudad de aquí. Así que no podía ser. Mi nueva invención es la siguiente: me pongo una gorra debajo del chubasquero y así no me va tanta agua directamente a la cara (y consigo ver a dónde me dirijo) y, además, me he puesto unos plásticos a modo de faldita de tal manera que no llegue tampoco con las piernas caladas de agua.

La verdad es que el método va a tener que mejorarse mucho para ser un buen método, pero es la caña de España. Hasta lloviendo se va de cine por los carriles bicis de esta ciudad!!! Lo que no sé todavía es cómo lo hacen los autóctonos, que van sin gorro ni chubasquero ni nada y parece que no se les moja ni el pelo! Se echarán de esa cosa que se echaban las de natación sincronizada en las olimpiadas que olía a pescado???